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Las soft skills ya no son un complemento. Aunque, durante años se hayan considerado un complemento. Algo deseable, pero secundario frente a las habilidades técnicas. Saber comunicar, liderar o empatizar sumaba, pero no definía. La irrupción de la inteligencia artificial ha invertido la jerarquía.

Hoy, muchas de las habilidades más complicadas como análisis, redacción, diseño, o programación básica, pueden ser asistidas, aceleradas o incluso ejecutadas por máquinas. Así, lo que antes era accesorio empieza a ser estructural. Pero con un matiz importante que marca la diferencia. No es que la IA no pueda hacer estas cosas, es que no puede hacerse responsable de ellas.

El cambio de paradigma se resume con una sencilla frase que encierra todo el sabor: “La IA ejecuta, el humano decide”. Esta frase resume el cambio de paradigma. 

En un entorno donde generar opciones es trivial, el valor se desplaza hacia la capacidad para elegir entre varias alternativas, dar prioridad a las decisiones en entornos regados de incertidumbre o en asumir las consecuencias de las decisiones. Por tanto, las soft skills dejan de ser habilidades complementarias para convertirse en competencias de decisión.

El valor de lo humano para potenciar la IA

La responsabilidad es una de las grandes áreas de competencia que la IA no reemplaza. Una IA puede sugerir, ejecutar o simular. Pero no responde. En cualquier organización, alguien tiene que firmar las decisiones, asumir los errores y rendir cuentas. 

Esa dimensión, la responsabilidad, no es automatizable. Y cuanto más se delega en sistemas, más importante es quién se hace cargo del resultado final.

Además, en un entorno mediado por la tecnología, la relación humana no desaparece. Se redefine. De esta forma, la confianza ya no se basa solo en la proximidad. Los factores a considerar ahora son:

  • La consistencia en el tiempo, 
  • la fiabilidad en la ejecución, y
  • la capacidad de escuchar y ajustar. 

La consecuencia es que las  organizaciones no solo compiten por eficiencia, sino por credibilidad.

Por eso, hoy en día, en las empresas se genera una paradoja que dice que cuanto más avanza la IA, más humano se vuelve el trabajo. Se comprueba que aunque la automatización elimina tareas, también expone lo que queda. Y lo que queda es determinante: decidir, coordinar, interpretar y responsabilizarse. Es decir, tareas profundamente humanas.

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