Hemos demostrado que desde un pueblo pequeño se puede llegar a todo el mundo

«Hemos demostrado que desde un pueblo pequeño se puede llegar a todo el mundo»

Desde Chercos, un pequeño pueblo almeriense con poco menos de 300 habitantes, Mermeladas Gourmet Lorusso exporta actualmente sus productos a 11 países de Europa, América y Asia.

En un cortijo familiar como tantos otros en mitad de la sierra que divide en dos la provincia de Almería, en los Filabres, comenzó a funcionar en 2015 esta iniciativa emprendedora de la mano de cuatro socios, dos hermanos españoles y dos amigos italianos, que Isabel Martínez, su gerente, define como “una historia de amor y mermelada”.

Ella, economista de profesión, conoció a Biagio Lorusso, responsable de la fábrica, en un viaje a la India, cuando este regentaba varios centros de estética y salud en Milán. Tiempo después se casaron y decidieron huir del estrés y el ruido de la gran ciudad para vivir en el pueblo de la familia de Isabel.

Allí se han reinventado para dedicarse profesionalmente a sus dos grandes pasiones compartidas: la gastronomía y la belleza. Y en su proyecto de empresa han arrastrado con ellos a Paco, hermano de ella y también economista, y a Carlo, amigo de la pareja, que les apoya desde la distancia.

DEL CORTIJO AL HOTEL DE LUJO

Los cuatro detectaron un hueco de mercado para la mermelada gourmet, y se marcaron dos premisas básicas para que su plan de negocio tuviera éxito: la diferenciación y la calidad. “Lo que significaba innovar en los formatos, cuidar hasta el extremo cada detalle y utilizar como materia prima productos ecológicos y de proximidad”, afirma Biagio.

Especializados en el segmento delicatessen y en surtir a los bufés de algunos de los mejores hoteles del mundo, Lorusso comenzó a vender al exterior antes que en el mercado nacional. Como explica Paco Sáez, director de ventas, sus mermeladas “convencen por su sabor y textura, pero además proponen una experiencia sensorial completa, que incluye el diseño de los envases y formatos”.

Los sucesivos reconocimientos internacionales que acumulan en sus primeros cinco años de vida demuestran que, con convencimiento, imaginación y constancia se puede transformar un producto artesano local de un pequeño pueblo almeriense de 300 habitantes en una pequeña joya gastronómica con presencia en medio mundo.

 

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