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La ciberseguridad ya no es solo un problema técnico. Hoy el punto más vulnerable, y también el más potente, es el comportamiento humano. Por eso cada vez se habla más de ciberseguridad humana. Con este concepto, se convierte al empleado en la primera línea de defensa frente a ataques cada vez más sofisticados.

La Inteligencia Artificial cambia radicalmente el panorama porque los atacantes la usan para escalar ataques, pero las organizaciones pueden usarla para entrenar y proteger a las personas.

En efecto, cada uno de los profesionales que forma parte de una organización es una pieza clave para mantener la seguridad de la misma. Las personas son, sin duda alguna, la primera y más sólida línea de defensa ante cualquier ciberataque. Conciencia a tus empleados y disminuye drásticamente el nivel de riesgo en tu negocio.

Muchas técnicas para explotar la inseguridad centradas en las personas

Lo primero que hay que tener en cuenta es que un ciberataque puede generarse con la ayuda nuestra en una simple acción tan trivial como abrir un correo falso, descargar un archivo, reutilizar una contraseña, o compartir información sin verificar.

También hay que tener cuidado con el phishing, pero también con técnicas como el spear phishing (ataque personalizado), el Business Email Compromise (suplantación de directivos), o el Social Engineering (manipulación psicológica). La tecnología bloquea muchos ciberataques, pero si el usuario confía en el ataque, la puerta se abre.

LA IA, además, también es utilizada por los propios atacantes. La IA permite escribir correos falsos perfectos, imitar el estilo, crear webs clonadas y automatizar miles de ataques. Incluso, aparecen ataques de Deepfake Voice Scam, donde se imita la voz de un directivo para pedir transferencias. El resultado es de lo más peligroso, porque consiguen que los ataques sean más creíbles y más masivos.

El modelo de ciberseguridad humana se basa en tres niveles de defensa:

  1. El primero son los filtros antiphishing.
  2. El segundo es la autenticación multifactor, y
  3. el tercero es la detección de anomalías.

Además, hay que tener unos protocolos claros para que todos los empleados sepan cómo reportar correos sospechosos, cómo gestionar contraseñas y cómo validar pagos o transferencias.

 

La clave está en la generación en la compañía de una cultura de la seguridad. En ella, el empleado debe sospechar de lo inesperado, verificar antes de actuar y reportar sin miedo a equivocarse

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