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Los ciberdelincuentes utilizan nombres, logotipos, dominios web y perfiles en redes sociales para hacerse pasar por empresas legítimas con el objetivo de engañar a clientes, proveedores y empleados. Cómo evitar la suplantación de marcas en la era digital es una prioridad estratégica para organizaciones de todos los sectores.

Cuando una organización es utilizada como señuelo en campañas fraudulentas, los daños pueden extenderse a múltiples áreas, tales como la pérdida de confianza de clientes, el deterioro de la reputación corporativa, el incremento de reclamaciones y consultas, el impacto económico directo e indirecto, y la pérdida de oportunidades comerciales.

En muchos casos, las víctimas no distinguen entre el fraude y la empresa legítima, por lo que la percepción negativa acaba afectando a la marca auténtica.

Formas de operar de los suplantadores

La sofisticación de estas prácticas ha aumentado considerablemente en los últimos años. Los delincuentes utilizan diversas técnicas para aparentar legitimidad. Las más comunes son las siguientes:

  • Dominios web falsos. Registran páginas con nombres muy similares a los oficiales, cambiando una letra, utilizando extensiones distintas o añadiendo términos aparentemente legítimos. Por ejemplo, una diferencia casi imperceptible puede pasar desapercibida para muchos usuarios.
  • Correos electrónicos fraudulentos. Los atacantes envían mensajes que parecen proceder de la empresa real. Estos correos suelen utilizarse para campañas de phishing, smishing o fraude financiero.
  • Redes sociales falsas. La creación de perfiles corporativos fraudulentos permite difundir promociones inexistentes, captar datos personales o realizar estafas en nombre de la organización.
  • Aplicaciones y plataformas fraudulentas. Algunos ciberdelincuentes desarrollan aplicaciones móviles o sitios web que imitan servicios legítimos para obtener información sensible de los usuarios.

Estrategias para combatir la suplantación de marcas

La protección eficaz exige una combinación de medidas tecnológicas, organizativas y comunicativas.

Vigilancia activa de la marca. Las empresas deben monitorizar de forma continua internet, redes sociales y registros de dominios para detectar usos indebidos de su identidad corporativa. La detección temprana es clave para minimizar el impacto.

Protección de dominios. Registrar variantes relevantes del dominio corporativo reduce las posibilidades de que sean utilizadas por terceros con fines fraudulentos. También resulta recomendable implantar mecanismos de autenticación de correo electrónico que dificulten la falsificación de mensajes.

Supervisión de redes sociales. La monitorización de perfiles falsos permite solicitar su retirada antes de que alcancen una gran difusión. La rapidez de respuesta resulta fundamental.

Educación de clientes y empleados. Una parte importante de la prevención consiste en informar sobre las prácticas habituales de la empresa. Así, los clientes deben saber qué canales utiliza la organización, qué información nunca solicitará, cómo verificar las comunicaciones sospechosas, dónde reportar posibles fraudes.

Los empleados, por su parte, deben estar preparados para identificar intentos de suplantación dirigidos a la propia organización.

Protocolos de respuesta

Las empresas deben contar con procedimientos específicos para gestionar incidentes relacionados con la suplantación de marca.

Estos protocolos deben contemplar:

  • Identificación del incidente.
  • Comunicación interna.
  • Información a clientes afectados.
  • Coordinación con proveedores tecnológicos.
  • Acciones legales cuando proceda.
Equipo BLOG Grupo Cajamar

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