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La planificación: punto de partida necesario en el ahorro

La planificación: punto de partida necesario en el ahorro

Una herramienta clave para conseguir cualquier objetivo, y más si este es a largo plazo, es la planificación. Consiste en algo tan básico como coger “papel y lápiz” para establecer previamente un plan de ruta, definiendo cuando menos los siguientes puntos:

1.- Fecha futura y plazo para ahorrar

Definir la fecha final futura en la que tendrás la necesidad de disponer del dinero, con el fin de saber de qué plazo dispones para ahorrar.

En el caso concreto de la jubilación, esta fecha está clara. Para la mayoría de trabajadores por cuenta ajena: Los 67 años. Los autónomos tienen más flexibilidad para seguir trabajando. No obstante los mayores de 50 años, según sus años de cotización, todavía estarán a tiempo de adelantarla unos meses, según la última reforma de las pensiones de 2013.

2.- Cuantía que necesitas llegada dicha fecha

En segundo lugar, debes concretar qué cuantía vas a necesitar llegada esa fecha. Y si la necesitarás cobrar de una sola vez o poco a poco. En este último paso es importante determinar durante cuánto tiempo ya que determinará qué cuantía de dinero deberás tener acumulada a dicha fecha final.

Para ello sería conveniente saber la diferencia entre tus ingresos y gastos futuros.

En el caso concreto de la jubilación, los ingresos futuros vienen determinados por la pensión pública de jubilación que previsiblemente te quedará en función de la cuantía y plazo de cotización a la Seguridad Social. De hecho, la web de la Seguridad Social dispone de un simulador para poder estimar su cuantía. Siempre bajo la premisa de que no vuelvan a cambiar las reglas de juego, claro.

3.- Cuantía que necesitas comenzar a ahorrar

Definidos plazo de ahorro y cuantía objetivo, ya sólo te queda realizar 2 ó 3 simulaciones, más o menos optimistas en cuanto a rentabilidades medias, para poder concretar la cuantía estimada de ahorro que matemáticamente es necesaria para cumplir el objetivo.

En el caso concreto de la jubilación, una fuente de información para tener una referencia de qué tipos utilizar sin ser demasiado optimista o pesimista podría ser la página web de Inverco. Que contiene, para cada una de las 6 categorías de Planes de Pensiones, desde Renta Fija a variable, pasando por los garantizados, las rentabilidades medias históricas a diferentes plazos: Desde 25 a 1 año. Siempre con la prudencia de tener claro que rentabilidades históricas no garantizan rentabilidades futuras.

4.- Elegir los productos

Hay para todos los gustos: Ahorro en inmuebles, en depósitos, en fondos, en bolsa o, incluso, el tradicional debajo del colchón. Sólo te equivocarás si eliges un producto que no se corresponde con lo que tradicionalmente se denomina tu “perfil de riesgo”. Has de tener claro, cuando menos, dos puntos:

  1. A más seguridad, menos potencial de rentabilidad. Qué nivel de riesgo estás dispuesto a asumir: Has de ser honesto contigo mismo y saber qué capacidad tienes para asumir pérdidas en el camino. Con la esperanza de que se tornen en ganancias que potencialmente pueden ser mayores que en los instrumentos con poco riesgo.
  2. A más plazo de ahorro, las posibilidades de asumir riesgos son mayores. No asumir riesgos con dinero que sabes que obligatoriamente lo necesitas a un determinado plazo.

En el caso concreto de la jubilación, el plan de pensiones o el PPA puede ser un instrumento adecuado. Debido a que su ventaja fiscal supone un diferimiento a largo plazo de los impuestos.

Por ejemplo, suponiendo un tipo marginal del IRPF del 22% (que se corresponde con una Base Liquidable anual de unos 24.000 €), aportando 8.000 € al Plan te ahorras en la próxima declaración del IRPF más de 2.100 euros. Lo que representa casi un 27% de la cuantía de aportación realizada. (personaliza tu propia simulación en el simulador de ahorro fiscal en www.tuplanperfecto.es). Esos 2.100 € de ahorro se podrían reinvertir para obtener rentabilidad adicional.

5.- Comenzar a ahorrar

Alguien podría pensar que te podrías haber ahorrado este quinto paso por obvio. Sin embargo, a pesar de ser la más evidente por sentido común, es la menos común en la práctica. ¿Por qué? Porque hay que dejar el “papel y el lápiz” y ponerse a una práctica doliente.

Una definición de ahorro es “sacrificar consumo presente para diferirlo a futuro”. No es algo atractivo que surja por impulso sino por la referida planificación previa.

Y te encontrarás con dos obstáculos que es mejor tener claros para no caer en ellos:

  1. No tenemos mentalidad previsora: Nuestro país es de los menos preparados para la jubilación según muchos observatorios que miden este aspecto en países del entorno de la OCDE. Quizá todavía tenemos asumido sin quererlo que será el “papá Estado” el que se ocupará de proveernos de ingresos suficientes durante nuestra jubilación. Cosa que, sin embargo, no ocurre en el entorno de países de la OCDE. Donde la media del porcentaje del último salario en activo cubierto por la pensión pública es tan sólo del 50%, frente casi el 80% en nuestro caso.
  2. No atrasarlo: Cuanto antes comiences, mejor. Hay muchos escritos que hablan del inmenso poder de la capitalización compuesta. Que no es otra cosa que volver a reinvertir los intereses generados. Por tanto cuanto antes comiences, menos esfuerzo tendrás que hacer para llegar al mismo objetivo de cuantía acumulada en la fecha objetivo.

Un ejemplo: Antonio y Ana quieren acumular unos 41.000 euros a la jubilación. Antonio tiene 45 años, y Ana 30 años. Ana tendrá que aportar tan sólo unos 500 euros/año, unos 30.000 euros en total. Mientras que Juan, para llegar a ese mismo capital de 41.000 €, tendrá que aportar casi 1.300 euros/año, 35.000 euros en total. Supuesta en ambos casos una rentabilidad media anual del 2%, y una revalorización anual de las aportaciones del 3%.

¿Quieres personalizar tu simulación en nuestro simulador de Capital final estimado según aportación?

José María Tamayo Andrade

Miembro del equipo de Seguros del Grupo Cajamar